El Eternauta

Escrito por eternauta 08-11-2006 en General. Comentarios (5)



El Eternauta

El Eternauta comenzó a aparecer, por entregas, en la revista Hora Cero Semanal el 3 de setiembre de 1957, ese año fundacional para elhumor y la historieta en la Argentina. El peronismo había sido volteadohacía dos años, el gobierno militar de turno tenía funcionando una convención constituyente, y estaba por permitir un muy acotado traspaso de poder a los civiles. La prensa escrita experimentaba nuevos límites después de una década peronista de férrea censura, y empezaban aaparecer periódicos que observaban la realidad con prismas diferentes. En ese contexto efervescente, el humor y la historieta, dos géneros gráficos muy populares, inauguraron también nuevas temáticas. Varias revistas se disputaban desde hacìa años el mercado masivo. El humor conservador de Patoruzú competía con el más actualizado de Rico Tipo. Las clásicas historietas de Patoruzito le hacían frente a las aventuras menos acartonadas de Misterix. Los territorios estaban parcelados con precisión: las revistas de humor se ocupaban de la observación risueña sobre la cotidianeidad, y las de historietas nos lanzaban a aventurasen tierras y tiempos lejanos. En 1957 aparecieron dos nuevas editoriales de autor: Nopra, de Landrú, y Editorial Frontera, de Hector Germán Oesteheld.Tía Vicenta, guiada por Landrú, se alejò de la observación de hábitosurbanos para meterse de lleno en la ironía política. Y Hora Cero yFrontera, manejadas por Oesterheld, humanizaron definitivamente a los personajes de historieta. No es casual que los dos lanzamientos sehayan hecho prácticamente el mismo día. Tampoco, que ambos experimentos, con dos creadores de enorme originalidad al frente, hayan hecho tambalear a las publicaciones existentes. Editorial Frontera comenzò lanzando revistas mensuales en un mundo de semanarios. Decidió publicar historias breves y contundentes en vez de interminablesfolletines por entregas. Y cuando afianzó esa propuesta, se atreviótambién a dar batalla el terreno del continuará. Hora Cero Semanal fue una revista pobre, con tapa a dos colores (una ilustración en blanco y negro con manchas rojas, azules o amarillas que destacaban algún detalle. Costaba un peso con 50 centavos, la mitad que Hora Cero Mensual y la cuarta parte que su casi contemporánea Hora Cero Extra. Era apaisada, tenía solamente dieciséis páginas y aparecía losmiércoles.De las tres historias que publicó en sus primeros números, dos apelabana personajes conocidos: Ernie Pike, el corresponsal americano en la Europa de la Segunda Guerra, y Randall the Killer, un western clásico ypreciso. La tercera ración semanal fue El Eternauta, de cara a una Buenos Aires que conocíamos y donde se desarrollaba una catástrofe queel cine y la historieta, hasta entonces, habìan ambientado engeografías más prestigiosas, como Londres o Nueva York. Los sorprendidos lectores caminábamos todos los días por esas calles donde caìa la nevada fatal. La General Paz, la cancha de River, el Congreso Nacional eran importantes lugares del relato. Un poco tapadas por latragedia, se leìan las pintadas que decían Vote Frondizi o el cartel que indicaba que estábamos en la calle Charcas. Si, como tantas otrashistorietas, El Eternauta no hubiera vuelto a publicarse, estoselementos, sumados a la riqueza de su aventura, a la precisa pintura de personajes y a un final sorprendente, la habrían hecho inolvidable para quienes la leímos entonces entrega por entrega. Pero, después de esas ciento cinco semanas que culminaron el miércoles 9 de setiembre de 1959en siete páginas que nos cortaron el aliento, El Eternauta no cesó. Primero, fue la misma Editorial Frontera la que repropuso, en 1962, la saga completa en tres volúmenes mensuales con un fulgurante suceso. En1969, la revista Gente �€“ siempre a la caza de éxitos probados - llamó a Oesterheld para escribir una remake en sus páginas frívolas. Para esta reescritura, Oesterheld convocó a Alberto Breccia, con quien ya habìa hecho la monumental Mort Cinder.El experimento fue un fracaso. Breccia había empezado el camino sin retorno de la experimentación gráfica. Y el guionista propuso la relectura desde un pensamiento antiimperialista, afin a los tiempos pero lejos de la ideología del semanario de los Vigil y de los hábitosque había inculcado en los consumidores de esa revista fresca. En 1976,un editor de historietas repropone en los quioscos El Eternauta original en un solo tomo de más de 350 páginas. El éxito vuelve asorprender. Se repiten varias grandes tiradas en muchos formatos: como álbum, como serie de fascículos en blanco y negro, en coleccionables a color. Entusiasmado por las ventas que no cesan, el editor invita a Oesterheld y a Solano López a hacer una segunda parte para incluir ensu mensuario Skorpio.Oesterheld, por entonces militante montonero, produce un guiòn conpoco disimulados llamados a la lucha revolucionaria. El editor lomodifica salvajemente, temeroso de la violencia de los tiempos.Solano dibuja, por fin, este segundo Eternauta, donde el guionista,simple testigo de la primera aventura, se convierte en un narrador enla línea de combate. La historia es por momentos confusa debido a las mutilaciones casi irracionales que el miedo obliga a realizar en su trama y en su letra.Oesterheld ya no está cuando el escritor italiano Alberto Ongaro �€“guionista de Misterix - toma la posta y escribe un tercer Eternauta.Solano López no tiene tiempo de dibujarla, empeñado en otros trabajos.El editor lo convence de que haga las cabezas de los personajes,mientras cuerpos y fondos son realizados por un equipo de anónimosartesanos. Los lectores no se interesan en este experimento pocoatractivo, mientras es el viejo primer Eternauta el que crece, seinternacionaliza, ve ediciones en otros idiomas, es la historieta querepresenta mejor a la Argentina en colecciones de comicsinternacionales. Es, incluso, el único cómic que formó parte de LaBiblioteca Argentina, Serie Clásicos, la colección de literaturanacional que sacó Clarín en 2000. Cuando una obra atraviesa el tiemposin perder vigencia, es porque permite a quienes se acercan a ella unalectura que se adecua a la época que se está viviendo. El Eternauta, enestos 47 años, ha demostrado que participa de esta cualidad necesariade los clásicos. Apareció como una revolución en el mundo de laaventura dibujada, incorporando a Buenos Aires a la ciencia ficción. Sumodesta versión original fue capaz de oscurecer para siempre laorquestadísima remake de Gente, apoyada en la tirada enorme de ese semanario a fines de los ´60.Cuando reapareció, en 1976, la desgracia se había adueñado de nuestras vidas. Oesterheld - como tantos argentinos - se convirtió en undesaparecido apenas un año después, mientras miles de nuevos lectoresse emocionaban con esa nevada fatal y esa peripecia solidaria de ungrupo de resistentes. Ya no era más una conmovedora historia de ciencia ficción, se parecía demasiado a una metáfora de lo que estaba pasando.La más grande historieta argentina regresaba, esquivando censores, paraser leído como un himno a la libertad, a la necesidad de pelear contralos monstruos, a que la vida es lo más importante que hay sobre latierra.La democracia del ´83 instaló sucesivas reediciones de El Eternauta enel lugar de la lucha por obtener la libertad. Los mezquinos años delmenemismo en el sitio de la dignidad por la que hay que seguir peleando aunque sepamos que vamos a perder. En fin, cada tiempo de estavertiginosa Argentina hace de estas páginas una lectura diferente. Hoy estamos en un momento tibiamente esperanzado: la deuda externa es una carga que parece que nos va a sepultar a todos, los piqueteros hacen su batalla en la General Paz, las manos (o los manos) de las privatizadas se resisten a soltar sus tajadas (fíjese en el diario y agregue lo que corresponda, que seguramente todo sirve).

Porque El Eternauta sigue allí. Aquí.Demos vuelta esta página y hagamos nuestra lectura del 2004. Carlos Trillo (*).

Nota extraída de http://www.nodigas.com.ar/