Weblog del eternauta (Marquito´s blog)

Carta abierta a Fidel Castro

Escrito por eternauta 13-11-2006 en General. Comentarios (2)



Carta a abierta a Fidel Castro
por Pedro Casaldáliga

 
São Félix do Araguaia, 10 de diciembre de 1996

Fidel:

Una vez más recibo invitación de Cuba y una vez más he de contentarme con enviar un mensaje. De corazón, eso sí.

Hoy te lo dirijo a ti, personalmente y tuteándote, para quitarle hasta el menor atisbo de ceremonia. Como corresponde a compañeros de luchas y de esperanzas.

Espero no escandalizar demasiado ni a la dereha ni a la izquierda.

Estos días has sido noticia mayor, también en Brasil. Con titulares como éste: «Un ateo en el Vaticano».

Y de eso quería hablarte, a ti y a todos los compañeros y compañeras que están ahí en esta hora histórica de tus 70 años, del proceso cubano y de la macrodictadura neoliberal.

Recuerdo, todavía con emoción, la carta que te entregamos, en 1985, Betto, los hermanos Boff y yo, escrita para ti por el patriarca de la Solidaridad y los Derechos Humanos, el cardenal Paulo Evaristo Arns, arzobispo de São Paulo. «Aunque Vd. se declare increyente -te decía él- yo le pido que rece por mí...».

Fidel, a estas alturas de tu vida y la mía y de la marcha de nuestros pueblos y de las iglesias más comprometidas con el Evangelio hecho vida e historia, tú y yo podemos muy bien ser al mismo tiempo creyentes y ateos.

Ateos del dios del colonialismo y del imperialismo, del capital ególatra y de la exclusión y el hambre y la muerte para las mayorías, con un mundo dividido mortalmente en dos. Y creyentes, por otra parte, del Dios de la Vida y la Fraternidad universal, con un mundo humano único, en la Dignidad respetada por igual de todas las personas y de todos los pueblos.

Con esta fe, abrazo a todo el pueblo de Martí, en la esperanza de su victoria sobre el bloqueo inicuo, en la defensa de sus conquistas sociales y en la consolidación de una democracia sin privilegiados y sin excluidos, con Pan y con Espíritu, con Justicia y con Libertad; en la hermosa patria de la Isla y en toda la Patria Grande de Nuestra América.

No te doy la bendición porque tengo dos años menos que tú y es a los mayores a quienes corresponde bendecir...

Te abrazo, como compañero de camino.

Pedro Casaldáliga,
obispo de São Félix do Araguaia, MT, Brasil

Conversión de Bartolomé de las Casas

Escrito por eternauta 13-11-2006 en General. Comentarios (1)



La conversión de Bartolomé de las Casas
Enrique Dussel

Según él mismo ha dejado escrito, había llegado a América, apenas nueve años después del primer viaje de Colón, y participado en la conquista violenta de los indios tainos. Ya como sacerdote, participó en la conquista de Cuba, realizada "a sangre y fuego". Recibió como pago de sus servicios, en el reparto, un grupo de indios que trabajaban para él. Durante 12 años, nos dice de sí mismo: estuve bien ocupado y cuidando mis granjerías, como los otros, enviando los indios de mi reparto a las mismas, a sacar oro y hacer sementeras, aprovechándome de ellos cuanto más podía".

En abril de 1.514, le pidieron que celebrara la Eucaristía y les predicara el Evangelio. Se preparó considerando las lecturas. Lo golpearon de tal manera, que no pudo celebrar la Misa. El texto que lo impactó, es del Libro del Eclesiástico, capítulo 34, versículos 18 al 22:

"Sacrificar cosas mal habidas, es ofrenda impura: a Dios no le agradan los presentes de los malvados. No se complace el Altísimo en ofrendas de los impíos; ni perdona los pecados por muy numerosas que sean las víctimas. Inmola un hijo ante los ojos de su padre, quien ofrece algo a Dios robándoselo a los pobres. La vida de los pobres depende del poco pan que tienen; quien se lo quita es un asesino. Mata a su prójimo quien le arrebata el sustento; vierte sangre quien le quita el salario al jornalero".

"Comencé -continúa el sacerdote- a descubrir la miseria y servidumbre que sufrían aquellas gentes (los indios). Aplicando lo uno (el texto bíblico) a lo otro (su propia situación), descubrió por sí mismo, convencido de la misma verdad, que era ceguera, injusticia y tiranía todo cuanto acerca de los indios se cometía" (De la Historia de las Indias, libro III, cap. 79).

Y Bartolomé de las Casas, que ése era el sacerdote, no celebró su misa. Descubrió de pronto que el "pan" que pensaba ofrecer había sido arrebatado a los pobres; que era asesinar a los indios arrebatarles el fruto de su trabajo. Y como estaba por "decirles misa", dijo a los españoles que "no se podían salvar" si trataban de esta manera a los indios. Vio el pan manchado de sangre.

Se cuenta de san Francisco Solano, que predicó el Evangelio en el Norte Argentino con su violín, y cuya imagen se descubre todos los días a los turistas en la quebrada de Humahuaca, que una vez lo invitaron a comer unos conquistadores. Al bendecir la mesa tomó un pedazo de pan y lo apretó en sus manos, y comenzó a salir sangre. Y que el santo dijo entonces: "esta sangre es la de los indios". Y se retiró sin comer bocado.

Quien ofrece entonces a Dios un pan robado al pobre, ofrenda a Dios la sangre, la vida, del pobre. El pobre (el indio), es el hijo. Y Bartolomé sintió que ofrecía al Padre la misma vida de su hijo, que "sacrificaba al hijo en presencia de su Padre". Cuando Bartolomé descubrió que el pobre era el indio... Cuando descubrió que él era el que explotaba al indio... Cuando descubrió que iba a ofrecer en la Eucaristía el pan robado a los pobres... no pudo celebrar más la eucaristía. Antes, liberó a sus indígenas el 15 de agosto de 1514, "y aunque no tenía un solo centavo, ni de dónde sacarlo, sino una yegua que podía vender... se propuso ir a Castilla y relatar al Rey lo que pasaba". Allí comenzó su entrega total por la justicia, que ocupará el resto de su vida, cincuenta y dos años de muchas persecuciones.

Y pudo volver a celebrar su eucaristía... porque ofrecía un pan que no arrebataba a los pobres. Ofrecía el pan de justicia, el pan -fruto de la tierra y del trabajo de los humanos- amasado con su trabajo en favor de los más pobres.

Dios no desea que se le ofrezca la vida del hijo asesinándolo en su presencia. Dios quiere la vida de sus hijos; lo que desea justamente como ofrenda es el trabajo por la vida de los que sufren: dar de comer al hambriento, devolver la vida al moribundo, incrementar la vida del que está perdiéndola, ése es el culto que ama el Altísimo. El culto eucarístico sólo puede ser recibido por el Padre, si es pan de justicia, pan que ha quitado el hambre, pan repartido y multiplicado para saciar el hambre de los hambrientos.

(Extractado de un artículo de Enrique Dussel,
"El pan de la celebración, signo comunitario de justicia", Concilium 172, pgs. 236 y ss)

El lenguaje religioso de George W. Bush

Escrito por eternauta 13-11-2006 en General. Comentarios (1)



El lenguaje religioso de George W. Bush:
análisis semántico y teológico
por Juan Stam

 

George W. Bush comenzó a asistir a un grupo de estudio bíblico en 1984, después de sufrir de severo alcoholismo durante dos décadas. Asistió invitado por su amigo Don Evans, hoy su secretario de comercio. Por dos años, Bush y Evans estudiaron la Biblia, y Bush dejó atrás el alcoholismo. En el mismo proceso, también logró orientar su vida, antes difusa y confusa, en una cosmovisión coherente (o ideología), que correspondía a la mentalidad de los "evangélicos conservadores" de Estados Unidos.

El movimiento evangélico conservador crecía por entonces a pasos gigantescos en el escenario norteamericano, especialmente dentro del partido republicano. Pronto Bush hijo se incorporó a la campaña de reelección de su padre. Junto con otro amigo íntimo, Karl Rove (genio político y el estratega tras sus victorias, y hoy su asesor presidencial), se encargó del enlace con el sector "evangélico". Los dos manejaron a la perfección la semántica de esa subcultura religiosa. Mientras otros candidatos discutían los temas polémicos, Rove le aconsejó a Bush que, más bien, simplemente hablara de su fe. Bush hijo se presentaba como "un hombre con Jesús en su corazón". Cuando un periodista le preguntó quién era su filósofo sociopolítico favorito, Bush contestó: "Jesús, porque cambió mi vida". Eso correspondía perfectamente al individualismo extremo del fundamentalismo, y constituía lo que en el metalenguaje de subcódigos evangélicos se llama "testimonio personal".

En la lucha semántica del lenguaje religioso, Bush y Rove ganaron sin problemas, pues no tuvieron rivales. Bush manejaba bien el lenguaje fundamentalista (y, en otro sentido, ese lenguaje comenzó a manejarlo a él). Políticamente, su discurso ha sido muy eficaz, pero teológicamente resulta mucho más problemático. No se parece mucho al discurso de las Iglesias históricas; deja totalmente de lado, por ejemplo, los clásicos debates sobre la guerra justa. De hecho, su teología explícita no parece profundizar más allá de algunas ideas muy generales y algunas palabras repetidas con mucha frecuencia (fe, valores, religión, oración, la providencia, el mal). Por otra parte, la "teología implícita" que parece estar detrás de su discurso hace que surjan serias dudas y sospechas teológicas. Vamos a analizar tres aspectos de esa teología implícita en el discurso de George W. Bush, que parecen rayar en antiguas herejías.

 

1. El maniqueísmo

Esta antigua herejía divide toda la realidad en dos: el Bien Absoluto y el Mal Absoluto. A juzgar por el discurso de Bush, los Estados Unidos de América es una nación engendrada por concepción inmaculada, que ha alcanzado la santidad total de la teología wesleyana. En la sociedad estadounidense parece no haber entrado el pecado original. Pero a los enemigos del país, Bush les aplica con toda su fuerza la doctrina calvinista de la depravación total del ser humano. No hay nada que pueda explicar la conducta malévola de esas personas, y mucho menos justificarla.

La iglesia cristiana rechazó el maniqueísmo como herético hace muchos siglos. En el caso de George Bush, sus declaraciones públicas implican claras herejías en cuanto a la doctrina bíblica del ser humano (antropología teológica) y en cuanto al pecado (hamartiología), e implícitamente en cuanto a la santificación. Además, en la espiritualidad patriotera de Bush, no cabe el menor espacio para el arrepentimiento ni siquiera para el autoexamen crítico, y mucho menos para una conversión a Dios. Dentro de ese esquema, ¿cómo es posible ser realmente cristiano?

En el acto memorial en la Catedral Nacional de Washington (14-09-2001), Bush proclamó en términos amenazantes: "Esta nación es pacífica, pero feroz cuando se la provoca a la ira". Éstas eran como dos virtudes del país. Un mes después, en una conferencia de prensa (15-10-01), dijo ingenuamente:

Me confunde ver que hay tanto malentendido de lo que es nuestro país, y que la gente nos pueda odiar... Simplemente no puedo creerlo, porque yo sé cuán buenos somos. Tenemos que hacer un mejor trabajo al representar a nuestro país ante el mundo. Tenemos que explicar mejor a la gente del Medio Oriente, por ejemplo,... que es sólo contra el mal contra lo que estamos luchando, no contra ellos.

 

¡No deja de sorprender que exista en este mundo un país totalmente altruista, que vive siempre luchando contra el mal! El presidente Bush ha repetido estos autoelogios nacionalistas como un mantra mágico: "Nosotros somos el país más pacífico de la tierra ", dijo en otra ocasión (09-11-02). En su informe al Congreso, en 2003 ("State of the Union", 29-01-03), el lenguaje humano casi no alcanzaba para expresar su culto a la Patria. Entre otros párrafos, sirvan estos de muestra:

Los americanos son un pueblo resuelto, que ha superado cada prueba a la que lo han enfrentado los siglos. Estados Unidos de América es una nación fuerte, y honorable en el uso de su poder. Ejercemos el poder sin conquista y hacemos sacrificios por la libertad de extranjeros desconocidos.

Los americanos son un pueblo libre, que sabe que la libertad es el derecho y el futuro de cada nación...

Esta nación pelea contra su voluntad... Buscamos la paz; luchamos por la paz; pero a veces la paz tiene que ser defendida. Un futuro de terribles y constantes amenazas, no es en absoluto la paz. La adversidad ha revelado -al mundo y a nosotros mismos- el carácter de nuestro país.

 

Según estas euforias patrioteras, la superioridad moral de los estadounidenses queda confirmada por su victoria sobre Irak, y no vale ninguna evidencia que demuestre lo contrario. Cuando los periodistas que estaban en Bagdad interrogaban al general Garner sobre las protestas masivas contra el ejército de ocupación, el General contestó que esas protestas demostraban más bien que la democracia había llegado a Irak. Después exclamó: "Debemos mirarnos en el espejo y sentirnos bien orgullosos, sacar el pecho y decir: ¡Maldito sea, somos americanos!" El mismo día, después de su dramático "aterrizaje" en el portaaviones Abraham Lincoln, Bush exudaba patriotismo: "Cuando contemplo a los miembros de las fuerzas militares de Estados Unidos, veo lo mejor de nuestro país... Nosotros estamos comprometidos con la libertad". Pareciera que el señor Bush no estaba informado sobre la realidad de algunos de los militares de su país, como por ejemplo, de los escándalos sexuales de la Academia de las Fuerzas Aéreas en Colorado. Mucho menos recordaba las atrocidades de la guerra de Vietnam, y casos como el de My Lai, o la explotación sexual de niños y niñas por los soldados estacionados en Palmerola, Honduras.

En términos bíblicos, la actitud tan autocomplaciente y santurrona de Bush sólo puede calificarse como fariseísmo: "Te damos gracias, Señor, que no somos como las demás naciones, terroristas, sin democracia ni mercado libre". Contra tales pretensiones de santidad va dirigida la denuncia que hace Jesús de los fariseos: ustedes miran la paja en el ojo ajeno, pero no ven la viga en su propio ojo.

Dado ese estado de sublime inocencia de su propio país, como Adán y Eva en el paraíso, el presidente Bush ha encontrado una sola explicación del odio contra EEUU: "Los terroristas odian nuestra libertad". Son tan malos, que aborrecen el bien porque es bueno. En la Catedral Nacional (14-09-01), Bush asumió la posición en la que seguiría insistiendo: "Esta es una lucha colosal entre el bien y el mal, y que nadie se equivoque: el bien [léase: Estados Unidos] vencerá". Nunca se ha apartado de ese análisis simplista y maniqueo. En febrero de 2003 reiteró ante la Asociación de Emisoras Religiosas que "los terroristas odian el hecho... de que somos libres para adorar a Dios como nos parezca".

Nadie que piense un poco, o que sepa algo de historia, podría aceptar esa explicación fantasiosa de Bush. El mismo Osama bin Laden era agente de Estados Unidos, pero se volvió contra ellos en 1991, cuando soldados norteamericanos ("impíos" para el islam) ocuparon su patria, Arabia Saudita, la más sagrada de las tierras islámicas. En 1996 emitió su "Declaración de guerra contra los americanos que ocupan la tierra de las dos mezquitas santas", y en 1998 su "Declaración de Jihad contra judíos y cruzados" reiteró esas razones. El mismo Bush ha dado sobradas razones para provocar el odio: desde los bombardeos ilegales de Irak en sus primeras semanas de gobierno hasta su insultante bloqueo de la consulta de Durbán, África del Sur, sobre racismo y derechos humanos. El maniqueísmo de Bush no le permite ver la realidad.

Bush parece creer que su país es no sólo una democracia perfecta, sino la única del mundo. Pero, si los terroristas odian la libertad, ¿por qué no han atacado a Canadá, que en algunos aspectos es una democracia mejor que la de EEUU? ¿Por qué no existe el mismo odio contra Suecia, Holanda o Costa Rica?

Al principio, la administración Bush bautizó su cruzada antiterrorista como "Operación justicia infinita", título ofensivo tanto para musulmanes como para cristianos. El mensaje implícito era que los talibanes eran infinitamente culpables y Estados Unidos infinitamente inocente, y que la "justicia infinita" contra aquellos sería una venganza sin límite. Bush no parece haber percibido la herejía teológica de describir su proyecto como "infinito", vocablo que en el inglés, igual que en el lenguaje teológico, es un atributo de Dios y nunca de las criaturas.

Bush ha definido a sus enemigos como "el eje del mal". La expresión original en inglés, "axis of evil", tiene connotaciones muy diferentes de las que tiene en castellano. El término "axis" en inglés tiene un significado mucho más limitado que "eje", y sirve mayormente para recordar a Hitler y a los nazis. La palabra "evil" es mucho más fuerte que "mal", pues significa algo muy siniestro, incluso diabólico. Es un término muy cargado teológica y moralmente. Pero a Bush no se le ocurre preguntarse si ese "axis of evil" pudiera pasar también por Washington.

Este maniqueísmo de Bush, nacido del matrimonio de un patriotismo enfermizo con una mala teología, tiene dos corolarios. Primero: en esta lucha entre el Bien Absoluto y el Mal Absoluto, "quién no está con nosotros, está contra nosotros" y, por ende, es terrorista. Segundo, como pontificó Donald Rumsfeld (05-12-01): "Toda la responsabilidad por todas y cada una de las muertes, sean de afganos inocentes o de estadounidenses inocentes, es exclusivamente de los talibanes y de los de Al Qaeda"..., aunque sean bombas norteamericanas las que los maten.

La realidad es todo lo contrario: si de hecho la guerra contra Irak es una guerra injusta e ilegal, entonces todas las muertes, incluso las de los soldados iraquíes, son asesinatos criminales que debían de haberse evitado y son responsabilidad de EEUU.

 

2. Mesianismo

Cuando George W. Bush, entonces gobernador de Texas, decidió buscar la presidencia de Estados Unidos, describió su decisión en términos que los evangélicos entenderían como un mandato divino: "He escuchado el llamado", una frase que evocaba las comisiones proféticas de las Escrituras hebreas. En seguida convocó a su mansión de gobernador a los principales pastores de la zona, para realizar un ritual de "imposición de manos", práctica que corresponde sobre todo a la ordenación ministerial. A los pastores les dijo que él había sido llamado (entiéndase, por Dios) a ser candidato. Ese lenguaje de vocación divina ha sido frecuente en sus declaraciones, a un ritmo muy acelerado después de la tragedia del 11 de setiembre de 2001.

Pocos días después de los ataques, en el culto memorial celebrado en la Catedral Nacional de Washington (14-09-01), Bush habló de "una lucha colosal entre el bien y el mal", en la cual –dijo– "nuestra responsabilidad ante la historia es clara: responder a estos ataques y quitar el mal del mundo" ("rid the world of evil"). Con el propósito de lograrlo, anunció una cruzada contra el terrorismo. Aparte de lo pretencioso de tal proyecto y de los sobretonos de "destino manifiesto", al presidente no se le ocurrió que había "evil" también en su propio patio, y que la cruzada para liberar al mundo del mal debía comenzar en casa, con autoexamen, con arrepentimiento, y con una intención sincera de "quitar del mundo" algunas de las causas del terrorismo y de los conflictos. Para Bush, "eliminar el mal" significaba "eliminar a los malos". ¿Es eso una mentalidad cristiana?

En su discurso al Congreso (20-09-01), Bush declaró que "La libertad y el temor, la justicia y la crueldad, siempre han estado en guerra, y sabemos que Dios no permanece neutral en ese conflicto". Dudarlo, enunció Bush, sería caer en el relativismo moral (consigna de otra de las causas de los "evangélicos"). Aparentemente, Dios también está sujeto al corolario del maniqueísmo de Bush: si Dios está contra el terrorismo, tiene que estar al lado de la cruzada antiterrorista.

El año siguiente, en su discurso anual al Congreso (29-01-02), Bush reafirmó que "la historia ha llamado a Estados Unidos y sus aliados a la acción". Frente al Eje del Mal, dijo, "la gran esperanza de nuestros tiempos, y la gran esperanza de todos los tiempos, depende de nosotros". Y ante la Asociación de Emisoras Religiosas, declaró: "Debemos recordar nuestro llamado, como nación que ha sido bendecida, a crear un mundo mejor... y derrotar los designios de hombres malvados". "La libertad –insistió–, no es un don de EEUU al mundo***; es don de Dios a toda la humanidad". Por eso, la nación que encarna la libertad debe llevar ese don divino "a cada ser humano en todo el mundo".

Un año después, en su informe al Congreso (29-01-03), ya en vísperas del ataque a Irak, Bush aseguró a la nación: "podemos avanzar con confianza porque este llamado histórico ha llegado al pueblo correcto":

De nuevo, esta nación y nuestros amigos somos lo único que se interpone entre un mundo en paz y un mundo de caos y alarma constante. De nuevo, somos llamados a defender la seguridad de nuestro pueblo y las esperanzas de toda la humanidad. Y aceptamos esta responsabilidad...

 

Martin Marty cita otras palabras de Bush que tienen el mismo sentido: "Nuestra nación ha sido escogida por Dios y comisionada por la historia, para ser un modelo de justicia ante el mundo" (Newsweek, 10-03-03; p. 17). Según el vicepresidente Dick Cheney, el país "tiene el deber de actuar con fuerza para construir un mundo a la imagen de Estados Unidos". O en palabras del portavoz presidencial, Ari Fleischer, la libertad (a la americana) "no es una doctrina Bush, ni una doctrina americana, sino una doctrina dada por Dios".

Bush no parece tener muchos reparos al identificar a Dios con su propio proyecto. En un discurso pronunciado un año después de los ataques (11-09-02), Bush citó un texto cristológico aplicándolo a su propio proyecto de guerra: "Y la luz [EEUU] resplandeció en las tinieblas [enemigos de EUA], y las tinieblas no prevalecerán contra ella" [EEUU vencerá a sus enemigos]. Cuando se presentó en uniforme militar sobre el portaaviones Abraham Lincoln (01-05-03), dijo a los militares lo siguiente: "Dondequiera que vayan ustedes, llevan un mensaje de esperanza, un mensaje que es antiguo y siempre nuevo. En las palabras del profeta Isaías: A los cautivos, ¡salgan!; a los que están en tinieblas, ¡sean libres!" Es teológicamente inadmisible que cualquier político se arrogue tales frases proféticas y mesiánicas para su propio programa, y mucho menos un programa de guerra y muerte.

Después del discurso del año 2003 a la nación, Christianity Today, revista evangélica y fielmente pro partido republicano, informó, en su edición electrónica de 25 de abril, acerca de la preocupación de algunos pastores porque Bush había hecho un cambio problemático en un himno evangélico. Bush se permitió parafrasear el muy querido himno "Hay poder, poder, sin igual poder, en Jesús, quien murió", de la siguiente manera: "Hay poder, sin igual poder, en la bondad, idealismo y fe del pueblo norteamericano". Se trata de un himno doblemente sagrado, porque es adoración a Jesucristo Salvador y porque se acostumbra cantar en la Santa Cena, al repartir la copa eucarística de la comunión. Es más, el original que citó Bush habla de poder milagroso sobrenatural ("wonder-working power").

La ilusión mesiánica del presidente Bush le produce un fenómeno de miopía y visión de túnel. Parece que, por sentirse llamado por Dios, no toma en cuenta las matizaciones que necesitan sus esquemas simplistas ni presta atención a razones bíblicas, teológicas y éticas en contra de sus decisiones. La revista Newsweek observó que la fe de Bush en la voluntad de Dios le da una especie de impermeabilidad, "una mezcla de terquedad y arrogancia" (10-03-03; p. 15). No hacen mella en su armadura ideológica los argumentos de líderes religiosos y denominaciones cristianas opuestos a sus guerras. En marzo de 2003, el obispo Joseph Sprague de Chicago protestó por el hecho de que desde octubre el concilio de obispos metodistas habían solicitado, sin éxito, una entrevista con su correligionario Bush. "El presidente no ha escuchado la voz de su propia iglesia" (La Jornada, 27-03-03). Mientras incluso Tony Blair recibió a una comisión organizada por Jim Wallis de la revista Sojourners, Bush se negó a escucharlos. Bush parece no creer que Dios pueda hablarle también por medio de personas que discrepen de él.

Aparentemente el Dios de George Bush es un buen americano y republicano, muy patriota y fiel a la política exterior norteamericana. No es el Dios que juzga y cuestiona, sino un Dios que legitima proyectos de guerra y dominación. ¿Que dirían de ese Dios Elías y los demás profetas?

 

3. Manipulación de la oración

La verdadera oración no pretende decirle a Dios que haga lo que nosotros queremos que haga, sino pide a Dios que nos diga lo que Dios quiere que nosotros hagamos. No oramos para enrolar a Dios en nuestras filas, sino para examinarnos ante Dios, cambiar y hacer su voluntad. Por eso, la confesión de pecado y el arrepentimiento son momentos cruciales de la oración y del culto. Bien dijo el primer ministro francés, Jean-Pierre Rafarin: "De ninguna manera podemos consultar a Dios sólo para obtener un voto de confianza" (que fue lo que hizo Bush cuando pretendió consultar a las Naciones Unidas).

La oración ha jugado un papel sin precedentes en la presidencia de George W. Bush y en la propaganda de los evangélicos conservadores que lo apoyan. Son frecuentes las fotos de Bush en oración. Se le dio publicidad al hecho de que inmediatamente antes de su discurso de ultimátum a Sadam Hussein, Bush pidió a sus asesores que lo dejaran "a solas unos diez minutos". En el simbolismo evangélico, eso significaba que un hombre de oración iba a encontrarse con Dios, algo así como Moisés en el Monte Sinaí. En su entrevista con Tom Brokaw (New York Times, 26- 04-03), Bush dijo: "Yo tengo una tarea que realizar, y con las rodillas dobladas pido al buen Señor que me ayude a cumplirla con sabiduría". A un periodista inglés que le preguntó cómo manejaba el estrés, le contestó: "Creo en la oración y creo en el ejercicio físico" (New York Times, 07-04-02).

George McGovern, excandidato presidencial demócrata, fue al grano cuando escribió lo siguiente (The Nation, 21-04-03):

El presidente afirma con frecuencia que lo está guiando la mano de Dios. Pero si Dios lo guió a invadir a Irak, Dios envió otro mensaje al Papa, a las Conferencias Episcopales católicas, al Consejo Nacional de Iglesias y a muchos rabinos muy distinguidos, que creen todos que la invasión y bombardeo de Irak iba contra la voluntad de Dios. Con todo respeto, sospecho que Karl Rove, Richard Perle, Paul Wolfowitz, Donald Rumsfeld y Condoleezza Rice... son los dioses (o diosas) a quienes escuchaba el presidente.

 

Con la presidencia de Bush, y especialmente a raíz de las guerras contra Afganistán e Irak, la oración de los evangélicos conservadores, tecnologizada y masificada, entró en la era cibernética. Se organizaron miles de "Círculos presidenciales de oración" y "ruedas de oración", durante las veinticuatro horas del día:

 
Rueda de Oración
por nuestros soldados... Por favor, no rompas la cadena
 
"Señor, ten nuestras tropas en tus manos amorosas.
Protégelas como ellas nos protegen.
Bendícelas a ellos y a sus familias
por las acciones altruistas que realizan
por nosotros en nuestro tiempo de necesidad.
Esto lo pido en el nombre de Jesús,
nuestro Señor y Salvador. Amén
 
[Haz click aquí cuando termines]
(ourtroops@prayerwheel.us)

 

¡Con cada "click" llega otra oración al Señor para garantizar el triunfo militar de las tropas!

Un movimiento llamado "In Touch" ("En contacto"), fundando por el pastor bautista Charles Stanley, repartió entre los marines que entraban en combate muchos miles de folletos con el título "Deber de un cristiano en tiempo de guerra" (incluida la "guerra espiritual"). Con el folleto iba una boleta que los infantes de marina debían firmar y enviar directamente al presidente. Por ese medio se comprometían a orar por él todos los días. La boleta decía: "Me he comprometido a orar por Ud, su familia, y su administración". Incluía peticiones específicas para cada día. Para el lunes: "Pide que el presidente y sus asesores sean fuertes y valientes para hacer lo correcto, a pesar de las críticas". Para el miércoles: "Pide que el presidente y sus asesores estén seguros, sanos, y que duerman bien, libres de miedo" (¿y por qué no se pide lo mismo para los habitantes de Bagdad?). Para el viernes: "Pide que el presidente y sus asesores estén conscientes de su llamado divino". En este vasto movimiento, se pide con frecuencia que Dios otorgue poder sobrenatural o sabiduría sobrenatural al presidente para salir avante, o que sea "divinamente protegido".

 

Conclusión:

Es notable la concordancia del discurso de Bush con el de los falsos profetas del Antiguo Testamento. Mientras los verdaderos profetas denunciaban el pecado y la injusticia de su propio pueblo, los falsos profetas repetían "Paz, paz" (Bush: "somos un pueblo muy bueno") y tranquilizaban a la nación con engaños. Además, los falsos profetas llamaban a lo malo bueno, y a lo bueno malo (por ejemplo, la agresión contra Irak y su destrucción son, en la retórica de Bush, "liberación" y "llevar nuestra compasión al mundo entero"; las muertes civiles se llaman "daños colaterales"). Y mientras los profetas verdaderos proclamaban la soberanía de Yahvé, Dios de Justicia y Amor que juzga a las naciones y a las personas, los falsos profetas servían a Baal, un dios manipulable a la disposición de los poderosos.

Hace siglos Carlos Marx concluyó que "la religión es el opio del pueblo". En el contexto de la iglesia luterana en la Alemania de los años 1840, Marx tenía mucha razón. Pero Marx nunca conoció a cristianos comprometidos como Camilo Torres de Colombia, Oscar Arnulfo Romero de El Salvador, Frank Pais de Cuba, Ernesto Cardenal de Nicaragua, Dietrich Bonhoeffer de Alemania, o Martin Luther King de los Estados Unidos. Si Marx hubiera conocido a esa clase de cristianos, habría dicho: "A veces la religión puede ser opio, pero muchas veces puede ser también levadura de justicia y transformación".

Qué paradójico, y qué lamentable, que el presidente Bush, con su herética manipulación del lenguaje religioso, se empeña en darle la razón a Carlos Marx.

La peor droga es la que narcotiza el corazón y la conciencia. El peor tráfico es el tráfico con la fe y con la Palabra de Dios. Hay también "narcotraficantes religiosos", que tendrán que dar respuesta al Dios de la Justicia y de la Vida.

Ponencia presentada en la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, marzo de 2003, y publicada en Signos de Vida (Quito), julio de 2003. Se presentó también en el aula magna de la Universidad de Cartagena, Colombia, en junio de 2003. Posteriormente fue publicada en Pensamiento y Vida (Universidad Bíblica Latinoamericana) y en Pasos (DEI), y ha circulado electrónicamente por Adital (Brasil) y otros sitios de internet.

Juan Pablo II: Un pontificado con contradicciones fatales

Escrito por eternauta 13-11-2006 en General. Comentarios (1)



Juan Pablo II: Un pontificado con contradicciones fatales
Hans KÜNG

Hans Küng es teólogo. © Hans Küng, 2003. Traducción de Jesús Alborés.

El 17 de octubre de 1979 publiqué un balance del primer año en el cargo del papa Juan Pablo II. Fue este artículo, que apareció en varias publicaciones del mundo, lo que dos meses después dio lugar a que se me retirara la autorización eclesiástica para enseñar como teólogo católico.

Veinticinco años de pontificado han confirmado mi crítica. Para mí, este Papa no es el más grande, pero sí el más contradictorio del siglo XX. Un Papa con muchas y muy grandes dotes y con muchas decisiones equivocadas. Reduciéndolo a un único deno-minador: su política exterior exige a todo el mundo conversión, reforma, diálogo. En crasa contradicción con ella está su política interior, que apunta a la restauración del status quo ante Concilium y a la negación del diálogo intraeclesiástico. Este carácter contradictorio se manifiesta en diez complejos ámbitos de problemas:

1. El mismo hombre que defiende de puertas afuera los derechos humanos los niega de puertas adentro a obispos, teólogos y mujeres, sobre todo: el Vaticano no puede suscribir la Declaración de Derechos Humanos del Consejo de Europa; sería necesario cambiar antes demasiados preceptos del derecho canónico medieval-absolutista. La separación de poderes es desconocida en la Iglesia católica. En caso de disputa, la misma autoridad actúa como legisladora, fiscal y juez. Consecuencias: un episcopado servil y una situación jurídica insostenible. Quien litigue con una instancia eclesiástica superior no tiene prácticamente ninguna oportunidad de que se le haga justicia.

2. Un gran admirador de María que predica excelsos ideales femeninos, pero que reba-ja a las mujeres y les niega la ordenación sacerdotal: siendo atractivo para muchas mu-jeres católicas tradicionales, este Papa repele a las mujeres modernas, a las que quiere excluir "infaliblemente" de las órdenes mayores para toda la eternidad y a las que en el caso de la anticoncepción incluye en la "cultura de la muerte". Consecuencias: escisión entre el conformismo exterior y la autonomía interna de la conciencia, que en casos como en el del conflicto de los consejeros de mujeres embarazadas también aleja a las mujeres de los obispos afines a Roma, lo que provoca el creciente éxodo de quienes aún seguían fieles a la Iglesia.

3. Un predicador en contra de la pobreza masiva y la miseria del mundo que, sin em-bargo, con su posición sobre la regulación de la natalidad y la explosión demográfica, es corresponsable de esa miseria: el Papa, que tanto en sus numerosos viajes como en la conferencia sobre población de la ONU en El Cairo tomó postura en contra de la píldora y del preservativo, podría tener mayor responsabilidad que cualquier estadista en el crecimiento demográfico descontrolado de numerosos países y la extensión del sida en África. Consecuencias: incluso en países tradicionalmente católicos como Ir-landa, España y Polonia, existe un creciente rechazo a la moral sexual y al rigorismo católico romano en el tema del aborto.

4. Un propagandista de la imagen del sacerdocio masculino y célibe que es correspon-sable de la catastrófica escasez de curas, el colapso del sacerdocio en muchos países y el escándalo de la pedofilia en el clero, que ya es imposible encubrir: el que a los sa-cerdotes les siga estando prohibido el matrimonio no es más que un ejemplo de cómo este Papa también posterga la doctrina de la Biblia y la gran tradición católica del pri-mer milenio (que desconocen las leyes del celibato eclesiástico) en favor del derecho canónico del siglo XI. Consecuencias: los sacerdotes son cada vez más escasos, su reemplazo inexistente, pronto casi la mitad de las parroquias carecerán de párrocos ordenados y celebrantes regulares de la eucaristía, hechos que no pueden ocultar la creciente importación de sacerdotes de Polonia, India y África ni la inevitable fusión de parroquias en "unidades eclesiales".

5. El impulsor de un número inflacionista de beatificaciones lucrativas que al mismo tiempo, con poder dictatorial, insta a su Inquisición a actuar contra teólogos, sacerdo-tes, religiosos y obispos desafectos: son perseguidos inquisitorialmente sobre todo aquellos creyentes que destacan por su pensamiento crítico y su enérgica voluntad re-formista. Del mismo modo que Pío XII persiguió a los teólogos más importantes de su época (Chenu, Congar, De Lubac, Rahner, Teilhard de Chardin), Juan Pablo II (y su Gran Inquisidor Ratzinger) ha perseguido a Schillebeeckx, Balasuriiya, Boff, Bulányi, Curran, así como al obispo Gaillot (de Evreux) y al arzobispo Huntington (de Seattle). Consecuencias: una Iglesia de vigilantes en la que se extienden los denunciantes, el temor y la falta de libertad. Los obispos se perciben a sí mismos como gobernadores romanos y no como servidores del pueblo cristiano, y los teólogos escriben en confor-midad o callan.

6. Un panegirista del ecumenismo que, sin embargo, hipoteca las relaciones con las iglesias ortodoxas y reformistas e impide el reconocimiento de sus sacerdotes y la co-munidad eucarística de evangélicos y católicos: el Papa podría, tal como ha sido reco-mendado repetidas veces por las comisiones ecuménicas de estudio y practican mu-chos párrocos, reconocer a los eclesiásticos y las celebraciones de la comunión de las iglesias no católicas y permitir la hospitalidad eucarística. También podría atemperar la exagerada ambición medieval de poder frente a las iglesias orientales y reformadas. Pero quiere mantener el sistema de poder romano. Consecuencias: el entendimiento ecuménico quedó bloqueado tras el Concilio Vaticano II. Ya en los siglos XI y XVI el papado demostró ser el mayor obstáculo para la unidad de las iglesias cristianas en libertad y pluralidad.

7. Un participante en el Concilio Vaticano II que desprecia la colegialidad del Papa con los obispos, decidida en ese concilio, y que vuelve a celebrar en cada ocasión que se presenta el absolutismo triunfalista del papado: en sustitución de las palabras progra-máticas conciliares (aggiornamiento, diálogo, colegialidad, apertura ecuménica), se vuelve ahora, en las palabras y en los hechos, a la "restauración", "doctrina", "obedien-cia", "rerromanización". Consecuencias: No deben llamar a engaño las masas de las manifestaciones papales: son millones los que bajo este pontificado han "huido de la Iglesia" o se han retirado al exilio interior. La animosidad de gran parte de la opinión pública y de los medios de comunicación frente a la arrogancia jerárquica se ha intensi-ficado de forma amenazadora.

8. Un representante del diálogo con las religiones del mundo, a las que simultáneamen-te descalifica como formas deficitarias de fe: al Papa le gusta reunir en torno a sí a dig-natarios de otras religiones. Pero no se percibe mucha atención teológica a sus de-mandas. Antes bien, incluso bajo el signo del diálogo sigue concibiéndose como un "misionario" de viejo corte. Consecuencias: la desconfianza hacia el imperialismo ro-mano está ahora tan difundida como antes. Y esto no sólo entre las iglesias cristianas, sino también en el judaísmo y el islam, por no hablar de India y China.

9. Un poderoso abogado de la moral privada y pública y comprometido paladín de la paz que, al mismo tiempo, por su rigorismo ajeno a la realidad, pierde credibilidad como autoridad moral: las posiciones rigoristas en materias de fe y de moral han socavado la eficacia de los justificados esfuerzos morales del Papa. Consecuencias: aunque para algunos católicos o secularistas tradicionalistas sea un superstar, este Papa ha propi-ciado la pérdida de autoridad de su pontificado por culpa de su autoritarismo. A pesar de que en sus viajes, escenificados con eficacia mediática, se presenta como un co-municador carismático (aunque al mismo tiempo es incapaz de diálogo y obsesivamen-te normativo de puertas adentro), carece de la credibilidad de un Juan XXIII

10. El Papa, que en el año 2000 se decidió con dificultad a reconocer públicamente sus culpas, apenas ha extraído las consecuencias prácticas: sólo pidió perdón para las fal-tas de los "hijos e hijas de la Iglesia", no para las del "Santo Padre" y las de la "propia Iglesia". Consecuencias: la reticente confesión no tuvo consecuencias: nada de en-mienda, tan sólo palabras, nada de hechos. En vez de orientarse por la brújula del evangelio, que ante los errores actuales apunta en dirección de la libertad, la compa-sión y el amor a los hombres, Roma sigue rigiéndose por el derecho medieval, que, en lugar de un mensaje de alegría, ofrece un anacrónico mensaje de amenaza con decre-tos, catecismos y sanciones.

No puede pasarse por alto el papel del Papa polaco en el colapso del imperio soviético. Pero éste no se derrumbó a causa del Papa, sino de las contradicciones socioeconó-micas del propio sistema soviético. La profunda tragedia personal de este Papa es és-ta: su modelo de Iglesia polaco-católica (medieval-contrarreformista-antimoderna) no pudo trasladarse al "resto" del mundo católico. Más bien fue la propia Polonia la que resultó arrollada por la evolución moderna.

Para la Iglesia católica, este pontificado, a pesar de sus aspectos positivos, se revela a fin de cuentas como un desastre. Un Papa declinante que no abdica de su poder, aun-que podría hacerlo, es para muchos el símbolo de una Iglesia que tras su rutilante fa-chada está anquilosada y decrépita. Si el próximo Papa quisiera seguir la política de este pontificado, no haría sino potenciar aún más la monstruosa acumulación de pro-blemas y haría casi insuperable la crisis estructural de la Iglesia católica. No, un nuevo papa tiene que decidirse a cambiar el rumbo e infundir a la Iglesia valor para la renova-ción, siguiendo el espíritu de Juan XXIII y, en consecuencia, los impulsos reformistas del Concilio Vaticano II.

Otro punto de vista sobre el Codigo Da Vinci

Escrito por eternauta 13-11-2006 en General. Comentarios (0)



Otro punto de vista sobre «El código Da Vinci»
por Hugo Cáceres Guinet

 
Comprendo la indignación de la Conferencia Episcopal sobre el próximo estreno de la película El código Da Vinci sin embargo considero, con todo respeto, que sus respuestas a la situación merecen ser reconsideradas.

Si una película de ficción o una mala novela pueden hacer tambalear la fe de los católicos, la misión de evangelización debe tomar otros rumbos. Creo que el libro y la película son grandes oportunidades para reflexionar sobre la fragilidad de la tarea evangelizadora tal como es asumida actualmente.

Biblia: Una de las misiones de la iglesia es el magisterio de la enseñanza, sin embargo esta tarea ha sido realizada sin los menores criterios de actualización y empleando la Escritura para justificar principios y no para educar la fe de las personas. No se ha dado suficiente prioridad a la lectura de la Biblia para que los fieles por sí mismos reconozcan el tipo de verdad que encierran, prefiriéndose aproximaciones de lectura menos críticas y más ingenuas. En particular creo que enseñar a discernir qué se lee y cómo se lee es una gran tarea. En el campo de la Biblia este es un quehacer realmente difícil. Pero es imprescindible que se asuma la divulgación de una lectura de la Biblia donde se empleen los métodos críticos y desde allí diferenciar el significado de lo histórico, lo anecdótico, lo mítico. Católicos bien adiestrados en lecturas críticas de la Biblia van a saber diferenciar un escrito del Nuevo Testamento de otra literatura de naturaleza piadosa o sectaria de siglos posteriores.

Teología fundamental: Los “secretos” que plantea El Código Da Vinci no deben ser vistos como amenazas a las iglesias cristianas, más bien son temas pendientes que la agenda de la evangelización debe revisar:

La sexualidad de Jesús debe entrar a formar parte de la reflexión cristológica. Con una visión realista y abierta a las inquietudes contemporáneas debemos entender de otro modo qué quiere decir hoy que Jesús fue probado en todo igual que nosotros menos en el pecado (Heb 4,15). No hace falta ser enemigo de la iglesia para reconocer que la evangelización de la sexualidad no es uno de los aciertos del magisterio.

La mujer sí fue postergada y sigue postergada en sus funciones en la iglesia. María fue una discípula apóstol con un encargo único y a la que la iglesia no correspondió con un ministerio a sus seguidoras (Jn 20,18: Vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y Padre de ustedes, a mi Dios y Dios de ustedes). El rechazo y la sospecha de lo femenino es algo tangible en la iglesia y no se necesita a Dan Brown para probarlo.

Eclesiología: Constantino no creó el cristianismo, pero sí le dio forma a la iglesia. Si la iglesia repite características, lenguaje y aún símbolos del imperio romano es por una visón de poder y gloria que Constantino infundió en la iglesia de Cristo que debería parecerse más a la iglesia del Nuevo Testamento que a una organización política.

Me llama la atención la importancia que se le otorga a la obra de Brown llevada al cine, importancia e indignación que no provocaron en su debido tiempo otras películas como Stigmata (1999) y The body (2001) donde Hollywood igualmente sacó a relucir el tema de una conspiración de la jerarquía católica para impedir que algún descubrimiento salga a la luz. Pero, como en el caso de la obra de Brown los conspiradores tienen nombre propio, la reacción parece ser de los que se rasgan las vestiduras. Creo que hay más “indignación” velada por lo que Brown dice del Opus Dei que por la iglesia de Jesucristo. Si el dicho grupo católico aparece en la novela como una secta siniestra con prácticas de obediencia ciega, mortificación de carácter inhumano y fanatismo irracional entonces que la iglesia reflexione si es verdad o no que todavía se gestan en su seno organizaciones interesadas en detentar el poder, nombrar obispos y silenciar voces discordantes. A mí no me ofende si el Opus Dei es retratado con sombras de misterio, ese es el modo cómo han actuado en la iglesia desde sus raíces en el fascismo español. Brown me da la oportunidad para deslindarme de sectores eclesiales donde parecen prevalecer el poder, el dinero y las influencias. Ojalá que los obispos no caigan en la trampa de confundir ofensas a la iglesia con ficciones inspiradas en el modus operandi de un grupo católico particular que actúa para lograr su propia gloria (ser reconocida jurídicamente como prelatura personal, canonizar a su fundador en tiempo récord, numerosos nombramientos episcopales y en la curia romana, arrogancia y extravagancia en su actuación, secretos y misterios, niveles de pertenencia según la procedencia social) y no la gloria de Cristo

Y si de rasgarse las vestiduras se trata algunos dirán: “Nos preocupa el pueblo pobre y poco educado porque no podrá reconocer en la película qué cosa es verdad y qué cosa es ficción”. Respondo a los ofendidos: ¿Por qué no se preocupan del pueblo pobre y poco educado en otras circunstancias como la injusticia social, la postergación histórica, la marginación y exclusión?

En su larga historia la iglesia ha definido las verdades de la fe motivada por herejías y desviaciones que se suscitaron en el camino. Que la obra de Brown o cualquier otra le permita revisar las nuevas estrategias con que iniciaremos una auténtica nueva evangelización y una reflexión teológica que incluya nuestra comunión con la humanidad.

 

Hugo Cáceres Guinet, cfc
Congregación de los Hermanos Cristianos
Distribuido por la Conferencia de Religiosos de Perú
17 de mayo de 2006