Weblog del eternauta (Marquito´s blog)

Los profetas hebreos condenan a George Bush



Los profetas hebreos condenan a George W. Bush

por Juan Stam*

No cabe dudade que los ataques terroristas del 11 de septiembre cambiaron de maneradefinitiva la presidencia de George W. Bush. El presidente y susasesores vieron en esos trágicos sucesos la oportunidad dorada paratomar niveles de poder que Bush no había ganado en las dudosaselecciones y para dar a su presidencia un nuevo rumbo de dominaciónmundial. Ya se sabe que la administración Bush (sobre todo el Pentágonoy la Casa Blanca) aprovechó esa coyuntura para proseguir metas quehabían definido desde el inicio de su presidencia, sobre todo elderrocamiento del gobierno de Sadam Hussein; pero no se habían atrevidoa iniciar hasta aquel día trágico.

Una característica del pueblo estadounidense, debido a su poco sentidohistórico, es que tiende a vivir de sus mitos nacionales, y sobre todoapelar a su mitología patriotera en momentos de crisis. Los ataques del11 de septiembre, además de derrumbar las Torres Gemelas, derrumbaronalgunos mitos muy arraigados en la ideología implícita de la nación. Unmito era la invulnerabilidad del país frente a todo ataque extranjero.Hasta entonces, todas sus guerras, después de la guerra civil del sigloXIX, se habían realizado dentro de otros países, fuera de las fronterasdel territorio estadounidense. Ni una sola batalla había ocurrido, niuna sola bomba había caído, dentro del país. Pero ahora, de repente, elpueblo se sentía terriblemente amenazado, dentro de sus propias casas.

Otro mito ha sido, y sigue siendo, la axiomática superioridad de losEstados Unidos sobre todos los demás pueblos y todas las demás nacionesy, básicamente, la inherente confiabilidad de su gobierno. Su paísrepresenta el sistema democrático insuperable, el modelo para el restodel planeta. Esa superioridad no es sólo política sino también moral ycultural. Sería muy excepcional encontrar un norteamericano que pensaraque otro país pudiera ser mejor que el suyo, pues es casi universal elmito de la intachable virtud y bondad inigualable de su país. Ante esemito, los ataques les plantearon una pregunta muy angustiosa: ¿por quéhay gente que nos odia tanto?

Desde su primera respuesta, el mismo día de los ataques, era evidenteque el presidente Bush, en vez de confrontar las realidades históricas,apelaría con terquedad, simplismo y vulgar seudoelocuencia a esamitología nacional. Tal proyecto se le vuelve una tarea cada vez másdesesperada, pero en ningún momento Bush abandona su terrenomitológico. Como una especie de John Wayne ideológico, se ha convertidoen el Mitificador-en-jefe de la nación. El problema es que el mundomitológico en que él vive choca cada día más con las realidadeshistóricas.

Hace muchos siglos, en Jerusalén, ocurrió algo aun peor que el 11 de septiembre:Por muy terribles y reprobables que sean los ataques del 11 deseptiembre, no fueron los peores de la historia humana. Nos convienecompararlos con la destrucción de Jerusalén en 587 a.C. porNabucodonosor (y en 721 a.C, la destrucción de Samaria por Asiria y elcautiverio del reino del norte). No sabemos cuántas personas murieronen esos ataques salvajes; quizá fueron más que los de las TorresGemelas, o posiblemente menos. Pero lo más trágico y nefando fue laprofanación del sagrado templo, su saqueo y total destrucción. Encambio, los talibanes de septiembre no atacaron a ninguna iglesia osinagoga, ni tuvieron intenciones de hacerlo. Tampoco ellos derrocaronal gobierno del país ni llevaron a nadie al cautiverio, como pasóprimero con Samaria y después con Jerusalén.

Entonces es apropiado, y crucialmente importante, preguntarse ¿cómorespondieron los antiguos profetas a esos acontecimientos? Lo primeroque nos llama la atención es que no respondieren con un mensaje de odioni de venganza. Al contrario, afirmaron que la culpa más profunda erala del mismo pueblo de Israel, no de los enemigos que los habíanatacado y destruido. Al contrario, reconocieron que la catástrofenacional era resultado de los siglos de injusticia e idolatría delpueblo; eran acciones de Dios ante el pecado de ellos. Cuando Sargón IIy sus tropas destruyeron Samaria, Isaías llegó a llamarlos "Oh Asiria,vara y báculo de mi furor" contra "una nación pérfida" (¡Israel! Isaías10:5-7). A Nabucodonosor, destructor de Jerusalén y del templo, Dios lollama "mi siervo" (Jer 25:29; 27:6). ¡Es como si George Bush dijera:"Los talibanes, instrumento de Dios, y Osama bin Laden, siervo delSeñor"!

Los profetas hebreos ponían el dedo en la llaga moral de la nación,mientras los falsos profetas decían "paz, paz; el templo, el templo"para tranquilizar al pueblo. Los verdaderos profetas desenmascaraban ydenunciaban esa falsa seguridad, sobre todo cuando descansaba en lafuerza de las armas. Durante mucho tiempo antes de la caída de las dosciudades capitales, del reino del norte y del reino de sur, losprofetas venían advirtiendo a Israel que su prosperidad era un engaño ysu idolatría sería juzgada por el Dios de la justicia, el Dios de lospobres y las víctimas de aquella sociedad. Antes de la crisis, comodurante ella, los profetas llamaban a la nación a un arrepentimientosincero ante Dios.

Todo lo contrario ha sido el mensaje de George Bush. En realidad, elpresidente perdió una oportunidad única para reconocer ante el pueblo yante el mundo los muchos y graves pecados de su nación contra otrospaíses y pueblos. Si hubiera mostrado la debida humildad, si hubierareconocido que él mismo y sus antecesores en la Casa Blanca habíancometido ofensas y hasta atrocidades contra los pueblos árabes y contraIrak en particular, podría haber logrado mucho para neutralizar elodio, en gran parte justificado, contra su país. ¿Qué tal si Bushhubiera pedido perdón a Irak y al mundo porque fue el gobierno deRonald Reagan el que patrocinó el régimen de Sadam Hussein en suspeores momentos? Un acto así de arrepentimiento podría haber debilitadosignificativamente a Osama bin Laden y a Al Qaeda. Podría haberiniciado procesos de transformación y sanación en las relacionesinternacionales. Y el presidente, que se tilda de evangélico, habríaactuado cristianamente. Pero George Bush no supo humillarse yarrepentirse; sólo supo declarar una guerra de venganza y conquista.

No sólo no llamó a su país a arrepentirse en ningún momento, sino quedesde un principio y constantemente les ha dicho que son un pueblo tanbueno que no tienen ninguna culpa y, por ello, nada de quéarrepentirse. Inmediatamente después de los ataques, Bush declaróinocente a su país como el país más pacífico de la tierra. Un mesdespués, en una conferencia de prensa el 15 de octubre, confesó: "Meconfunde ver que haya tanto malentendido de lo que es nuestro país, yque la gente nos pueda odiar... Simplemente no puedo creerlo, porque yosé cuán buenos somos. Tenemos que hacer un mejor trabajo al representara nuestro país ante el mundo. Tenemos que explicar mejor a la gente delMedio Oriente, por ejemplo, ... que es sólo contra el mal que estamosluchando, no contra ellos". Igual que los falsos profetas, Bush hainsistido ciega y tercamente en la supuesta virtud e inocenciaintachable del pueblo norteamericano.

En varias ocasiones, Bush ha ensalzado con especial énfasis la nobleza,altruismo y valor moral de los militares de su país. En su sensacionalvisita al portaaviones Abraham Lincoln (1° de mayo de 2003) exclamó,lleno de idealismo, "cuando contemplo a los miembros de las fuerzasmilitares de los Estados Unidos, veo lo mejor de nuestro país" ydeclaró que con el triunfo estadounidense se había terminado la torturaen Irak. Por supuesto, no tenía cómo imaginar el escándalo que vendríaa desatarse después, de bestiales torturas por los mismosinterrogadores militares de su propio ejército. Pero sin tener que serclarividente y anticipar el futuro, Bush debió haber recordado lasatrocidades de la guerra de Vietnam, los abusos sexuales de losmilitares en la base de Palmerola en Honduras y los constantesescándalos sexuales en las fuerzas militares de su país que él tantoelogiaba (una reciente encuesta de graduadas de la Academia de lasFuerzas Aéreas en Colorado Springs reveló que el 12% de ellas habíansido violadas sexualmente o sufrido intentos de violación; de las 579mujeres de la Academia, casi un 70% había sufrido acoso sexual).También Bush debió haber sabido más sobre el sistema penitenciario desu país, con muchos abusos y el uso frecuente de tortura, dentro de losmismos Estados Unidos. Por todo eso, no deben sorprendernos en absolutolas últimas revelaciones de torturas en Irak.

El colmo de esta impenitencia empedernida de George Bush ha sido sureacción ante la revelación de los brutales y vergonzosos tratos deagentes estadounidenses contra presos iraquíes en Abu Ghraib y otroslugares. Obligado por el escándalo internacional que provocaron lasfotos de las groseras torturas cometidas, su primera respuesta fueminimizar engañosamente la ofensa, desasociarse de ella y reafirmar elmito de la virtud nacional: "Estos actos", dijo, "son detestables y norepresentan a los EE.UU" (1° de mayo de 2004). Repitió también por latelevisión iraquí una frase muy típica suya: "Esas acciones norepresentan a la América que yo conozco" (quién sabe cuál será laAmérica que habrá conocido este heredero mimado de una dinastía demillonarios).

Como esa respuesta no satisfizo a la opinión mundial, ni a muchos desus propios conciudadanos, después, en una entrevista con el ReyAbdullah (6 de mayo de 2004), Bush repitió que las fotos le causabanasco y dijo que lamentaba mucho ("I'm sorry") lo que habían sufrido lospresos y sus familias; pero después agregó, fiel a su mito, "lamentoigualmente ("I'm equally sorry") que esas fotos dieran una falsaimpresión de la verdadera naturaleza y el corazón de nuestro país". Secuidó mucho de no reconocer ninguna culpa, tampoco disculparse ni pedirperdón. Al contrario, después se jactó de no haber perdido perdón. El26 de mayo recibió en la Casa Blanca a un grupo de comunicadoresreligiosos y les dijo con orgullo: "Nunca pedí disculpas al mundoárabe" ("I never apologized to the arab world").

Las diferencias entre profetas falsos y profetas verdaderos: Enla historia de Israel, los falsos profetas siempre acompañaban a losverdaderos siervos de Yahvéh. Por eso, las Escrituras nos dan criteriosbastante claros para el discernimiento de espíritus proféticos. Puedenresumirse bajo varios principios claves:

1) Los verdaderos profetas llaman al pueblo al arrepentimiento; losfalsos profetas dan una falsa tranquilidad al pueblo, para que siga ensu pecado.

2) Los verdaderos profetas juzgan las políticas nacionales y lasprácticas sociales en el nombre de Yahvéh; los falsos profetaslegitiman esas políticas para dar un aval religioso a la injusticia y alos intereses creados. El Dios de los falsos profetas es manipulable,para el servicio de nuestros proyectos; Yahvéh, en cambio, nunca sedeja manipular por nadie.

3) Los verdaderos profetas denuncian la hipocresía del culto religiososin justicia; los falsos profetas apelan a la religiosidad en lugar dela práctica de la justicia. El verdadero profeta dice: "Practican lainjusticia, y peor todavía, se atreven a presentarse ante Dios consangre sobre sus manos". El falso profeta niega el pecado o dice "noson perfectos, pero por lo menos son muy religiosos y observan elculto".

4) Los verdaderos profetas detectan y denuncian la idolatría; losfalsos profetas la condonan y la practican con una fórmula de "Yahvé,pero Baal también" (cf. 1 Reyes 18:21). Jesús dijo, "Nadie puede servira Dios y a las riquezas" (Mateo 6:24; Lucas 16:13).

5) Los profetas verdaderos denuncian la violencia y la confianza en lafuerza; los falsos profetas confían en las armas y justifican laviolencia. "No os escucharé", dijo Dios a los poderosos, porque"vuestras manos están llenas de sangre" (Isaías 1.15).

6) Los profetas verdaderos llaman al pecado por su nombre; los falsosprofetas inventan eufemismos y metalenguajes para esconder la realidadde injusticia y violencia. "Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lobueno malo", dictaminó el profeta Isaías (5:20). Los verdaderosprofetas denuncian y desenmascaran el lenguaje engañoso de lasmitologías oficiales del sistema.

Conclusión: Todos estos criterios de la verdadera profecía y lafalsa nos dan importantes orientaciones para nuestras decisionespolíticas hoy y, específicamente, para medir bíblica y cristianamenteal gobierno de George W. Bush y sus tan publicitadas pretensiones de fecristiana.

Es una coincidencia, pero muy significativa, que las SagradasEscrituras narren también acerca de una torre, la de Babel, que nosayuda a entender mejor el caso de esas otras torres, las Torres Gemelasde Nueva York. Como el mismo nombre da a entender, "Babel" alude aBabilonia, la región de Ur de los Caldeos, de donde emigraron Abraham ySara. En el relato de Génesis 11, "Babel" poseía ventajas tecnológicasy aspiraba a imponerse sobre todos sus vecinos. Pero Dios se opuso aese proyecto expansionista e imperialista, y con Abraham y Saraintrodujo el proyecto de su gracia y salvación, "para bendición detodas las naciones".

En toda la Biblia, hasta el libro del Apocalipsis, Babilonia simbolizaa la superpotencia opresora que intenta dominar y explotar a susvecinos. "Babel" era también Egipto, Asiria, Siria, Grecia y, al final,Roma. Toda la Biblia denuncia a esas "Babilonias", levanta canciones deprotesta contra ellas (Ezequiel 26-28; Isaías 13; 34; Apocalipsis 18) yanuncia el juicio divino sobre todas las Babilonias, habidas y porhaber.

Cualquier parecido entre la torre de Babel y las Torres Gemelas,símbolo del "Proyecto del nuevo siglo americano", ¿será puracoincidencia?

Con los criterios de la profecía hebrea y todo el mensaje bíblico, cadacristiano y cada cristiana tienen la obligación de decidir por símismos frente a este momento histórico y actuar como corresponde. Loprimero no debe ser demasiado difícil; lo segundo cuesta más, pero esel único camino para discípulos fieles al Señor de la historia, elPríncipe de Paz.-




*Juan Stam es teólogo norteamericano radicado en Costa Rica

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: